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Zapatos, un escritorio con libros, revistas, flores, un ordenador, velas, mis cosas...¿ que mas quiero?

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viernes, 1 de marzo de 2013

LO QUE VALE LA PENA


. . . Conviene, de vez en cuando, sentarse y pensar qué es lo que realmente "vale la pena" por antonomasia, por encima de otras cosas que también valen, pero valen menos. La respuesta puede parecer difícil, pero no lo es. Vale la pena lo que dura, lo que no pasa, lo que no se puede acabar. Vale la pena lo que no se puede perder ni nos pueden quitar. Vale la pena lo que construye. Vale la pena lo que nos une, no lo que nos divide. Vale la pena lo que dejas a otros para que ellos puedan tener más. Vale la pena lo que produce paz. Vale la pena lo que lleva al cielo. Vale la pena lo que es verdad, aunque no lo parezca. Vale la pena lo que responde a las exigencias éticas más profundas del hombre, y no lo que sólo satisface al instinto del momento. Vale la pena la fidelidad a la propia palabra, al esposo o a la esposa, a los hijos o a los padres, porque el amor es el tesoro más grande del mundo.
La pena de lo que vale la pena vale la pena. No es un juego de palabras. Lo que vale cuesta, nos produce una pena. Pero ese es el precio que se paga por lo que vale. Y quien ha logrado lo que vale la pena, se olvida de la pena y agradece el haber logrado eso que tanto quería. Agradece y es feliz. Quien se sacrifica poco consigue poco. Quien pena mucho logrará muchas veces lo que quiere en lo más hondo de su corazón. Pero eso que se logra con tantos sacrificios debe ser algo que valga, que no se acabe, que nos introduzca en lo eterno, que nos lleve a amar más y mejor.
... educar ha sido siempre algo difícil. Educar en los valores lo es más, porque no basta con decir qué es lo importante. Aquí se trata de empujar y de mover a cada uno para que se ponga en marcha, para que sufra por lo que vale, precisamente porque vale. Y ello será posible sólo si en verdad enseñamos a descubrir lo que más vale, y si mostramos que es posible lograrlo con el ejemplo de la propia alegría y satisfacción. Así nos miran los niños y los adolescentes: como modelos de lo que hay que hacer. Y sólo seguirán nuestros pasos cuando vean que "valió la pena" el lograr lo que hemos logrado. El reto sigue en pie. Y vale, de verdad, la pena ... 

y esta reflexión es la que he leído y ha escrito un señor que se llama Fernando Pacual .


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