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Zapatos, un escritorio con libros, revistas, flores, un ordenador, velas, mis cosas...¿ que mas quiero?

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miércoles, 30 de enero de 2013

LA IRA, LA RABIA . . .


Leyendo y meditando sobre episodios varios ... transcribo y sigo pensando.

La rabia es hasta sana si aprendes a controlarla, si no va en contra tuya siempre.


Todos sabemos lo que es la ira y todos la hemos sentido alguna vez, tanto si se trata de un ligero enfado como una rabia en toda regla.
La ira es una emoción totalmente normal y generalmente sana.  Pero cuando está fuera de control y se vuelve destructiva, puede conducir a diversos problemas, como problemas en el trabajo, en las relaciones personales, y en la calidad general de la vida de una persona.  Y puede dar la sensación de que se está a la merced de una emoción imprevisible y poderosa.

Qué es la ira
La ira es un estado emocional que a varía en intensidad, yendo de la irritación leve a la furia intensa.  Como otras emociones, está  acompañada de cambios fisiológicos y biológicos.  Cuando una persona se enfada, su ritmo cardíaco y presión arterial aumentan, al igual que los niveles de las hormonas adrenalina y noradrenalina.  La ira puede ser debida a acontecimientos externos o internos.  Podemos enfadarnos con una persona específica (como un compañero de trabajo o supervisor) o un acontecimiento (un atasco de tráfico, un vuelo cancelado), o bien la ira puede aparecer al preocuparse y rumiar problemas personales.  Lo recuerdos de acontecimientos traumáticos o que nos hicieron enfadar pueden también desencadenar este tipo de emociones.

El manejo de la ira
El objetivo al manejar la ira consiste en reducir tanto las emociones como la activación fisiológica que la ira provoca. Tal vez no puedes evitar o librarte de las cosas o personas que desencadenan tu ira ni tampoco puedes cambiarlas, pero sí puedes aprender a controlar tus propias reacciones.

Por qué algunas personas se enfadan más que otras
Algunas personas se enfadan más fácilmente y de un modo más intenso que la persona media.  Hay quien no muestra su rabia de maneras espectaculares o ruidosas pero está crónicamente irritable y resentido.  La gente que se enfada con facilidad no siempre maldice o lanza objetos por los aires, sino que a veces se aíslan, se enfurruñan, o se ponen físicamente enfermos.
La gente que se enfurece fácilmente suele tener lo que los psicólogos llaman una baja tolerancia  a la frustración, lo cual significa que consideran que no deberían tener que verse sometidos a frustraciones, inconvenientes o molestias.  No pueden tomarse las cosas tal como son y se enfurecen particularmente si la situación parece de alguna manera injusta:  por ejemplo, cuando lo corrigen por un error de menor importancia.
Una causa puede ser genética o fisiológica;  hay evidencia de que algunos niños son irritables, susceptibles, y se enfadan fácilmente, y esto sucede desde una edad muy temprana.  Otra causa puede estar en la manera en que nos enseñan a manejar la ira.  A  menudo la ira es vista como negativa;  a muchos de nosotros nos enseñan que es correcto expresar ansiedad, depresión, u otras emociones, pero no expresar ira.  Consecuentemente, no aprendemos cómo dirigirla o canalizarla de un modo constructivo.  La investigación también ha encontrado que los antecedentes familiares desempeñan un papel importante.  Típicamente, las personas que  se encolerizan fácilmente provienen de familias que son disruptivas, caóticas y poco hábiles en la comunicación emocional.

¿Es bueno liberar la ira?
Los psicólogos consideran que esto es un mito peligroso.  Algunas personas utilizan esta teoría como licencia para lastimar a otras.  Las investigaciones realizadas han encontrado que dejarse llevar  por la ira  y dejarla salir libremente desencadena más ira  y agresión y no sirve de ninguna ayuda para resolver la situación.  Es preferible descubrir qué ha desencadenado tu ira y después desarrollar estrategias para impedir que esos desencadenantes te saquen de tus casillas.

Qué son los ataques de ira?
El enfado es una emoción normal en todos los seres humanos. Las personas se sienten enfadadas cuando perciben que han sido objeto de un desaire o trato injusto, cuando otros han invadido su terreno personal, cuando se les impide o dificulta la consecución de sus objetivos, cuando se les lleva la contraria, etc.
En definitiva, el enfado aparece cuando la persona se siente provocada por algo que percibe como una ofensa humillante para sí, los suyos, o terceras personas. No obstante, si la persona se enfada con cierta facilidad y/o frecuencia, podría ser vulnerable a tener explosiones de ira.
En una explosión de ira la persona reacciona ante la injusticia u ofensa percibidas de forma repentina y violenta. Esta violencia puede manifestarse gritando, insultando, arrojando objetos, golpeando cosas, e incluso, agrediendo físicamente a las personas implicadas.
Aunque las personas pueden enfurecerse contra objetos inanimados, situaciones frustrantes, o personas anónimas o con las que se tiene una relación casual, lo más frecuente es que se enfurezcan con las personas más cercanas y con las que más se relacionan, esto es, cónyuges, padres, hijos, compañeros de trabajo o amigos.
Son muy numerosas las consecuencias nocivas de las explosiones de ira. Uno de los costes más frecuentes es el daño que causa a las relaciones personales, y precisamente a las relaciones que tienen más valor para la persona como son la familia y los amigos. Además, la ira puede afectar a la vida laboral, no sólo en cuanto que afecta a las relaciones personales con los compañeros, jefes, clientes o empleados, sino también porque puede bloquear a la persona y limitar su capacidad para tomar decisiones o realizar un buen trabajo.
Por último, “la ira fomenta la ira” y puede provocar una respuesta agresiva por parte de los demás, lo cual, puede agravar en gran medida la situación. Por otro lado, la persona puede llegar a perder el control, o ocasionar un accidente (al enfurece con un conductor que acaba de adelantarle a gran velocidad y emprende una carrera alocada para “darle una lección”), o sobrellevar problemas con las autoridades y/o de tipo legal (por ejemplo, en el caso de agresiones físicas).

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