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Zapatos, un escritorio con libros, revistas, flores, un ordenador, velas, mis cosas...¿ que mas quiero?

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jueves, 26 de julio de 2012

MARVIN TRAUB : UN INCREIBLE VISIONARIO

Hace pocos días ha fallecido este hombre tan interesante , quisiera rendir-le un pequeño homenaje y por eso transcribo " la Vanguardia " una entrevista muy interesante que se me escapó y que fue publicada en el Magazine de " la Vanguardia " hace unos meses.


Marvin Traub: "Ahora se ven pocas mujeres elegantes"
"La planta y la elegancia de este hombre resultan impresionantes. A pesar de moverse con dificultad y apoyado en su bastón, sigue viajando por todos los países en los que acredita clientes, desde India a España, donde acaba de visitar los centros comerciales La Roca Villagey Las Rozas Village, en tanto que asesor de la firma Value Retail de la que forman parte.
Durante dos décadas, fue director de los almacenes Bloomingdale’s de Nueva York, donde parte de su cometido consistía en nutrir sus departamentos de las colecciones de moda de los creadores más reconocidos de todo el mundo, y muchos desconocidos antes de que él decidiera incluirlos en su oferta. De ahí procede una relación que en muchos casos ha devenido amistad con Giorgio Armani, Fendi, Rykiel, Missoni y otros muchos de los creadores que triunfaban en Europa en los años 80 y eran casi desconocidos al otro lado del Atlántico.
A sus compatriotas los conocía mucho mejor, y desde mucho antes de que sus nombres contaran en los ambientes de la costura. “A Ralph Lauren todavía lo recuerdo cuando venía los sábados a Bloomingdale’s a reponer personalmente el stock de corbatas que se habían vendido durante la semana”.Tanto tiempo hace ya, que este diseñador universal era sólo eso, un fabricante de corbatas. Ahora es uno de los más admirados por Traub y también uno de sus mejores amigos.
Abre los ojos con cara de incredulidad al preguntarle quién es, en su opinión, el diseñador que más ha aportado a la moda. “¿Me está pidiendo –cuestiona a su vez, con un deje de humor– que le diga quién creo que es el diseñador con más talento? Perdone que no le responda con un solo nombre, me gustaría seguir colaborando profesionalmente y manteniendo buenas relaciones con todos ellos”. Pero, pura amabilidad, y seguro de que nadie se lo tendrá en cuenta, acaba dando algunos nombres, que considera incontestables: “Ralph Lauren, Giorgio Armani, Tom Ford, Dolce & Gabbana, Gaultier, Marc Jacobs, cada uno con su propia fuerza, con su propio estilo”.
Vale la pena seguir insistiendo cuando se está frente a alguien que lleva toda una vida tratando de tú a tú con quienes marcan el pulso estético de media humanidad tratar de sonsacarle una opinión más personal y comprometida. De todos ellos, ¿quiénes aportaron algo verdaderamente revolucionario? es la siguiente cuestión. Se moja. “En sus comienzos, Ralph Lauren y Giorgio Armani”. No ha pestañeado al pronunciar tan emblemáticos nombres. Se explica: “Ralph, por su moderna forma de concebir lo que es el estilo, fue un pionero en vestir al hombre, la mujer y los niños según los mismos principios. Pero fue aún más lejos al desarrollar todo tipo de productos para la casa, muebles, menaje, objetos de decoración basándose en ese mismo concepto”. Efectivamente, lo llevó al extremo de organizar sus tiendas estandarte como si se tratara de una casa con solera, con distintas estancias decoradas con elementos de sus colecciones.

Armani, un revolucionario
En el caso de Giorgio Armani, considera Marvin Traub que “revolucionó la elegancia, sobre todo para el hombre, y la hizo mucho más relajada de lo que había sido hasta entonces”. Algo muy meritorio, considera, cuando el genio italiano no había pasado por ninguna escuela de moda, sino que empezó haciendo los escaparates de los grandes almacenesLa Rinascentede Milán. En cualquier caso, confirma, ambos dieron un giro de trescientos sesenta grados en la moda.
De los incorporados más recientemente, se confiesa admirado de la capacidad de liderazgo de Tom Ford. “Ha dado la vuelta a la forma de ver la moda masculina, al lanzar la idea de que la ropa puede tener un look muy distinguido, ser muy cara y, pese a ello, nada complicada. Es muy interesante la forma que tiene de construir las prendas para hombre, porque, aunque es estadounidense, diseña para el italiano o el español, que son mucho más estilizados, y su ropa es fácil de llevar, si tienes esa figura, claro”, apostilla.
Aunque conoce bien a los grandes nombres, desde Karl Lagerfeld a Galliano o Gaultier, se le nota una cierta inclinación por los diseñadores de su país. Tal vez por lo mucho que les conoce –a Donna Karan, de cuando sólo hacía ropa sport, y a Calvin Klein, de cuando era un anónimo confeccionista de abrigos–. En todo caso, los creadores estadounidenses son quienes mejor han entendido que la ropa es para vender y no sólo para atraer las miradas hacia las pasarelas o los escaparates.
Eso es algo que Marvin Traub debía tener muy claro en su trabajo en los grandes almacenes, y también en el actual.
“Cuando era director de Bloomingdale’s, asistía prácticamente a todos los desfiles de París, Milán, Nueva York”, comenta. “Y aunque no era yo quien decidía qué firmas y prendas había que comprar, cuando tenía la impresión de que estaba frente a alguien con auténtico talento, intentaba influenciar a nuestros compradores para que valoraran la posibilidad de llevarlo a las tiendas”.
Nunca se centró sólo en cosas estrictamente comerciales –“hay que apostar por nuevos creadores, aunque sean desconocidos”, dice– pero sí trataba de aportar algo de sensatez. “Cuando se va a ver una colección, a menudo se hace desde un punto de vista erróneo. Una cosa es lo que se presenta para que sorprenda a los periodistas y escriban sobre ello, o resulte impactante y atrevido para la televisión o las revistas de tendencias”. Pero si eres un comprador que va a hacer un pedido para vender al consumidor normal y corriente, prosigue, “tienes que mirar la ropa con otros ojos, y eso obliga al diseñador a proponer cosas que se puedan vender. Así que el secreto está en complacer a ambos, y le aseguro que los diseñadores tienen muy en cuenta a los compradores. Aunque es cierto que algunos sólo quieren llamar la atención para conseguir que alguien les compre la licencia para hacer perfumes o gafas de sol”. Secreto desvelado.
A pesar de su ya avanzada edad, Marvin Traub sigue al pie del cañón y muy al día de todo lo que ocurre en un universo que ha ocupado la mayor parte de sus días. Ya hace mucho que se jubiló de los Bloomingdale’s, pero no es, ni mucho menos, un pensionista.

La segunda carrera
Cuando tomó esa decisión en 1991, inició lo que él denomina su “segunda carrera”, y desde entonces sigue al frente de una consultoría de moda, que le requiere viajar continuamente de uno a otro continente. También es asesor de la más prestigiosa escuela de moda de Nueva York,la Parson’s –“una de las ocupaciones que más satisfacciones me da, por el contacto permanente con los jóvenes creadores”–.
Su cometido como asesor consiste en aconsejar a los diseñadores qué tienen que hacer para vender más. “No, no”, corrige alarmado. “Yo nunca he tenido el propósito de decir a nadie cómo tiene que hacer su trabajo, y mucho menos a un costurero cómo diseñar una colección. Cuando estás frente a un creador, sea de moda, de arte, un músico, debes animarlo a que haga aquello en lo que él cree, no lo que piensas que debería hacer para tener éxito”.
Así que, concreta, su trabajo consiste en conocer bien el mercado en el que una firma o industria quieren introducir sus productos, explicarles qué cosas pueden funcionar mejor y la forma más adecuada de promocionarlas. Recurre a lo que está sucediendo en los países emergentes para ilustrar la idea. “El ruso, por ejemplo, es un mercado que requiere una ropa más recargada que el estadounidense, y ese es el aspecto en el que debe incidir quien pretenda tener éxito allí”. De los enriquecidos emiratos de Oriente Medio se queda con las mujeres que, puntualiza, “cuando prescinden de los atuendos tradicionales son sorprendentemente clásicas y elegantes”.
Entre sus clientes se habrá encontrado con diseñadores de esos que tienen veleidades de artista, ¿hacen caso de sus consejos? “¡Cielos, espero que sí!”, concluye.

¿Pasado o futuro?
Su labor le obliga, queda claro, a observar con atención lo que ocurre en las ciudades clave del mundo para conocer qué funciona y cómo cambian los mercados. “Siempre me ha interesado conocer de primera mano la opinión de los clientes, y en Bloomingdale’s me gustaba mezclarme con los compradores y observar sus reacciones”, costumbre que, según desvela, comparte con el diseñador Karl Lagerfeld. “Cuando compramos su colección para los almacenes de Chicago vino personalmente a la presentación y fue encantador con las clientas, a todas les preguntaba cómo les hacían sentirse sus prendas”.
Si se observan las tendencias que surgen de las pasarelas en las últimas temporadas, se diría que los creadores han caído en un bucle temporal y encuentran más inspiración en el pasado que en la prospección del futuro. ¿Qué opina Marvin Traub? “Estoy firmemente convencido de que para tener éxito en la moda hay que mirar al futuro, porque el propio término lleva implícito el significado de cambio, y los diseñadores necesitan introducir nuevas ideas y conceptos cada temporada”. Sí es posible, admite, que dé la impresión de que todo está inventado, “lo que cambia es la interpretación que cada uno haga de las ideas y conceptos”. Y se remite de nuevo a su buen amigo Ralph Lauren. “Su colección de esta temporada es muy femenina y romántica, con unos vestidos estampados muy bonitos, pero en absoluto tradicionales”. Y aunque puede parecer que los ha hecho porque es la tendencia que flota en el aire, las motivaciones son de índole más personal, puntualiza Traub: su hija se había casado unos meses antes y lo que le había inspirado era ese acontecimiento tan importante para su familia.
De sus esporádicos viajes a España se ha hecho una idea bastante clara de cómo se viste. Le gusta, dice, y ha observado las diferencias entre ciudades como Madrid y Barcelona, las que ha recorrido en esta visita en concreto. “En Madrid se viste de manera más formal”.

La elegancia perdida
En general, considera el mundo mucho menos elegante que antes. “Supongo que debido a mi edad, desde hace 20 o 25 años veo menos mujeres a las que yo calificaría de elegantes. Es que aún recuerdo cuando llevaban guantes y sombrero”, dice. Si tiene que elegir un lugar del mundo donde aún se observe esa elegancia a la que le remiten unos recuerdos cargados de nostalgia, “en París las mujeres siguen manteniendo esa elegancia chic que siempre las ha caracterizado”.
Acepta, con cierta resignación de abuelo comprensivo con sus nietos, que las jóvenes lleven ahora ropa más informal, porque es más adecuada a su nueva forma de vivir, aunque no acabe de entender que se pueda llevar ropa sport tanto para ir a trabajar como para salir de fiesta. Pero si hay algo que no soporta de los atuendos juveniles es “esa manía que tienen de llevar gorras de béisbol con la visera hacia atrás, ¿qué sentido tiene?”, se pregunta retóricamente.
No hay que entender, sin embargo, que sea de los que se cree de vuelta de todo –por su experiencia, podría–. En algún momento de la conversación ha mencionado, de pasada, que el contacto con los estudiantes es una de sus actividades más estimulantes. A los alumnos les aconseja que “antes de formar su propia empresa vayan a trabajar en una marca, cuanto más importante mejor, porque es la única forma de adquirir experiencia y hacerse una idea precisa de cómo funciona todo el proceso productivo”. También les dice, añade, que den rienda suelta a su fantasía e imaginación, “pero sin perder nunca de vista que trabajan para un mundo real”.

La globalización, positiva
En la conversación surge la recurrente controversia sobre la globalización. Al contrario de la opinión generalizada de que se trata de algo negativo porque, entre otras muchas cosas, mata la riqueza inherente a la diversidad, se confiesa “convencido de que va a ser positiva, como lo es cualquier cosa que signifique un desafío para los creadores, porque les obliga a enfrentarse a nuevas ideas y conceptos”. Tal vez resulte, en cambio, más perjudicial para los que justo empiezan a abrirse camino. “La explicación es sencilla, cuanto más lejos haya que mandar los artículos, más elevados son los costes. Pero también es cierto que el mercado siempre está buscando nuevos talentos”. Considera que, precisamente, convertir la moda en un negocio global es uno de los cambio más trascendentes que se han producido en esa industria desde mediados del siglo pasado. “En los años 50, todo consistía en elaborar un producto y venderlo en Nueva York, Londres o París”, exagera. “Ahora, llega a todas partes, a mercados de Oriente Medio, India, China, África, Sudamérica, lo que significa que lo que uno hace tiene un alcance enorme”. Lo notó especialmente la última vez que estuvo en China, quince años después de su anterior visita. “Había desaparecido la uniformidad de los trajes Mao, y los jóvenes mostraban un gran interés y conocimiento de las tendencias: el cambio era radical”.
Como lo es la forma de vender y comprar. “¿Sabe por qué funcionan los centros comerciales comoLa Roca Village?”, cuestiona. Y responde: “Porque han comprendido que hoy en día ir de compras forma parte del ocio, y las tiendas tienen que proporcionar una experiencia placentera”. Ha de existir, prosigue, una proporción de equilibrio entre el producto, el ambiente y el servicio. Algo que también se ha conseguido en el establecimiento que abrió hace unos años en los Campos Elíseos de París Louis Vuitton, por poner otro ejemplo, donde el pavimento de la calle sigue en el interior de la tienda, lo que facilita a los paseantes entrar como por inercia.
Se declara poco conocedor de las firmas de moda españolas y, aunque cita algunas que le parecen interesantes, nunca las tuvo en Bloomingdale’s. Aunque lo intentó con Zara. “Me pareció una marca adecuada para nosotros, porque su ropa era muy de Nueva York, así que nos pusimos en contacto con sus directivos y les invitamos a visitarnos. Después de una semana en Manhattan, declinaron nuestra oferta, no sin darnos la razón, se veían muy de allí”. El tiempo le confirmaría que había acertado, porque Zara abrió su propio establecimiento, ríe con el recuerdo, justo enfrente de los Bloomie’s. Y allí sigue."

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